Elsa de viaje a Sinaloa

Tras un gran madrugón suena mi teléfono. Ya estoy lista, arreglada y con la maleta esperándome en la entrada de mi piso. Ante el espejo de mi entrada me pongo un cuco gorrito otoñal, la gabardina y saco el pintalabios rojo para dar un toque tentador a mis labios. Aprieto uno contra otro para unificar el tono y, después, me retoco el pelo. Cuando estoy lista, cojo mi bolsa de viaje y salgo de mi apartamento. Abajo me espera un taxi y mi nuevo cliente.

Miguel Ángel me espera caballerosamente frente al taxi. Lleva un traje negro de Emidio Tucci, unos mocasines, una camisa blanca y una corbata lisa roja. Llego hasta su lado y con su metro ochenta y poco, me da un beso en la mejilla. Tras mirarme con sus ojos claros, toma mi carga y la lleva al maletero. Yo entro en el taxi.

El transcurso hasta el aeropuerto se hace muy ameno. Miguel me cuenta que trabaja en una empresa de I+D+i, cosa que a mí siempre me ha fascinado. Me gusta ver que el mundo avanza y estar al día de las magníficas cosas que se crean hoy en día. Su empresa está centrada en el desarrollo de productos para medicina basados en nanotecnología y la verdad que es un mundo súper interesante. ¿Sabíais que ya existen vehículos muy, muy pequeños, que pueden transportar medicamentos a través de la sangre y literalmente “entregarlos” en el órgano o en las células dañadas? Se llaman nanovehículos. Es increíble lo que la ciencia puede hacer.

Miguel habla apasionadamente de su trabajo durante todo el trayecto y yo escucho con atención. Le hago preguntas de manera interesada para que vea que le presto atención y que me intereso por lo que hace.

Eso le gusta a los hombres, les hace sentir importantes y más cuando es una joven atractiva quien le hace caso.

Él es el CEO de la compañía, el Chief Executive Officer por sus siglas en inglés. El creó la empresa junto con un socio y esta semana tiene una cita importante en Bruselas, en el Comisionado Europeo donde hay una reunión en la que intervienen tanto líderes políticos como las empresas más importantes del sector nanotecnológico para definir la llamada hoja de ruta de la nanotecnología en Europa. Es decir, van a discutir a que áreas de la nanotecnología van a dar más fondos para investigación y cuales quieren que sean los objetivos generales de dichas investigaciones. Es un mundo muy interesante, donde se mueven muchos millones, de los que pende el futuro de miles de empresas en toda Europa y donde se pueden establecer muchas alianzas…

Y mi papel es estar a la altura del evento. Acompañarle a las reuniones, a las cenas, hablar con las mujeres de los distintos invitados en un inglés perfecto y, también, como hombre con sus deseos, acompañarlo por las noches.

Me gusta este trabajo. Aprendes de infinidad de cosas de multitud de temas, conoces a gente interesante e importante (válido para hacer nuevos contactos también para mí) y además, puedes viajar… no solo a gastos pagados, sino con un buen dinero extra. Ni hotel, ni comidas, ni transporte corren de mí cuenta y mientras Miguel esté cerrando acuerdos y no me necesite, yo puedo estar yendo de compras, visitando la ciudad o preparándome para darle una sorpresa para cuando vuelva.

Llegamos al aeropuerto, facturamos y entramos en la zona de embarque. Libres de maletas, todavía tenemos algo de tiempo para que nos llamen a embarcar. Caminamos juntos pero sin ir de la mano, creo que nunca ha hecho nada de esto y quiere actuar con delicadeza.

Es delicado, atractivo, considerado y parece un buen hombre. Me gusta encontrarme con este tipo de clientes, ellos me valoran más y yo estoy más cómoda cuando tengo que darle placer… Y si además de todo esto, tiene el perfil de ser un cliente potencial que más adelante puede volver a contratarme como acompañante, más motivos tengo para que no solo quede satisfecho… sino increíblemente satisfecho.

Tomo su mano y eso le pilla por sorpresa. Primero la tiene tensa pero, poco a poco, la relaja. Yo acerco mi hombro al suyo y me pego a él. Mientras paseamos entre tanta gente le acaricio el pecho, río y tonteo con y para él.

Puedo sentir cómo le gusta y lo orgulloso que se siente cuando todo el mundo se nos queda mirando al pasar a nuestro lado. Sonriente, gira la cabeza para mirarme a los ojos, yo muevo mi larga melena lisa castaña con un movimiento de cabeza y me llevo el dedo al labio. Le miro con la lujuria de mis ojos marrones y la ternura de mis veintiún añitos.

Gracias a mis botines grises y a mi altura, mido uno setenta y uno, no tengo que ponerme de puntillas para llegar hasta su oído.

No hay mejor momento para satisfacer un hombre cuando su orgullo reina en lo alto. Al llegar a su lóbulo, sin mordérselo, sin besarlo, sin tocarlo, le susurro:

~ Va siendo hora de que disfrutes lo que has contratado ~hago un inciso pero no me separo de él. ~ No llevo braguitas.

Ummm. Siento como se le ha acelerado el corazón y como se le ha puesto dura bajo ese traje tan caro de Emidio Tucci. No le miro a la cara porque sé su reacción, no se lo esperaba y sé que se ha quedado boquiabierto. Sin más demora, tomo su mano de nuevo y tiro de él, entramos en una tienda de ropa del aeropuerto y me lo llevo hasta el fondo. Apenas hay gente y la empleada está a sus cosas.

No me molesto en pillar algo de ropa para “probármela”, me lo llevo directamente a los probadores de la tienda… que ya muy bien me conozco dada mi experiencia y mis anteriores visitas.

Descorro con pasión la primera cortina que me encuentro, le meto para adentro y le empujo contra el cristal. Me separo de él y le doy la espalda y empiezo a menear mi cuerpo sensualmente para su deleite. Subo las manos por mis costados hasta mi cabeza donde levanto mi cabello. Juego con él mientras me come con la mirada, doy unos pasitos hacia atrás hasta que llego hasta él. Coloco mi trasero junto a su miembro y comienzo a acariciarlo lentamente.

Uuffff. ¡Qué dura la tiene ya!

Tomo sus manos y las pongo en mi cadera. Le obligo a que me pegue más a él. Me mueve despacio, haciendo círculos sobre su polla pero yo quiero que goce más. Cierro los ojos y me imagino que estoy en una discoteca, escuchando buena música de reggaetón. Me relato y empiezo a mover el culo como a todos los chicos les gusta. Hago movimientos de cadera rápidos y cortos, como si me estuviera follando a más no poder, luego le doy golpecitos con el trasero, alejándome y acercándome como si me estuviera penetrando a cuatro patas.

Giro la cabeza mordiéndome el labio y haciendo un gemido de gatita. Mmmmm. Rápidamente doy la vuelta y me lanzo a comerle el cuello mientras mis manos desatan su cinturón, le bajando los pantalones y se la agarran con deseo.

Con una mano le comienzo a masturbar, con la otra le masajeo los testículos.

Ahora llevo mis labios a su oreja y se la lamo como se lo haría al mejor de los amantes en un afán por recompensarle.

~ Quiero que te corras ~, le susurro excitada. Mis manos se la menean tan rápido como pueden hacerlo. Gimo en su oreja.

~ Esto me excita mucho, Miguel. Mmmmm. Qué buena polla tienes.

Mis palabras le excitan más y más. Su cuerpo comienza a tensarse, uno de sus brazos me rodea varonilmente por la cadera.

~ ¿Quieres que te la chupe? Mmmmm. Me encanta chuparla.

De pronto, empiezo a escuchar sus jadeos, está apuntito. Así que mi ímpetu crece.

~ Me encanta que se corran en mi boquita. Mmmmm. Migue, sí, sí, córrete. Quiero saborearlo, quiero que me lo des tod…

~ ¡Aahh! ¡Aaahhh! Elsa, ya. ¡Ya, Elsaaaaa!

Su cadera se mueve espasmódicamente y su esencia sale disparada hacia el suelo de los probadores. Su orgasmo me hace sonreír.

Mientras Miguel suspira, yo desciendo con cuidado, la introduzco en mi boca y mato sus últimas ansias de placer. Saboreo su miembro mientras se vuelve flácido en mi boquita.

Al rato subo, me vuelvo a acercar a su oreja y le digo:

~ Todo lo que te he dicho, lo podrás hacer en el hotel en Bruselas.

Uuffff. Si él pensaba que más placer no le podía dar, se equivocaba. Le he vuelto a excitar. Me gusta excitar a un hombre.

Me separo de su lado y justo antes de salir del probador me giro para mirarle:

~ Te espero fuera cariño. Sal cuando te hayas recuperado.

Y con una pícara sonrisa, una voz sexy y un divertido guiño salgo y me voy hacia la zona de vaqueros de mujer para ver si hay alguno que me guste o algo con que le pueda sorprender ya que, mi viaje, lo único que ha hecho ha sido comenzar.

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