Kenia y Laura, trío con hombre dotado

Hoy he tomado una decisión. Llevo mucho tiempo meditándolo y al final he decidido seguir adelante. Desde hace muchos años he tenido una fantasía, una fantasía que creo que puede ser maravillosa y muy placentera. ¿Por qué no cumplirla?

He llegado a ser el Director de mi propia empresa bajo una premisa: “Si quieres algo ve a por ello, solo se vive una vez”; pero eso solo lo he aplicado al ámbito de los negocios.

¿Es por eso por lo que he tenido éxito en los negocios pero no en todo lo demás?

Nunca he tomado decisiones arriesgadas en lo que respecta a mi vida privada. Cuando mis hijos me piden algo, se lo doy, cuando mi mujer quiere algo se lo doy, siempre he pensado en ellos más que en mí, siempre he antepuesto su felicidad a la mía y, ¿acaso eso me la ha traído a mi? ¿Soy más feliz?

Mi matrimonio lleva muerto mucho tiempo y mis hijos van a su rollo, ya es momento de que empiece a vivir de verdad, que empiece a disfrutar.

Llevo los dedos de la mano sobre mi alianza de casado, los muevo, la hago rotar y la saco. La dejo sobre la mesa de mi despacho, cojo mi abrigo, apago las luces y cierro la puerta. Salgo de mi oficina despidiéndome alegremente de mis empleados, los que todavía tienen que seguir trabajando. Yo soy el primero que trabaja duro y hasta tarde, pero hoy no, hoy tengo una cita, una importante cita con mi fantasía.

Voy al parking, subo a mi Lexus Gs 300h y salgo con tranquilidad en dirección a los apartamentos Luxtal, frente a la estación de Sants de Barcelona. La voz del GPS me da las indicaciones mientras escucho las noticias por la radio.

Tras veinticinco minutos de trayecto llego al parking, aparco y cuando salgo del coche me doy cuenta de que estoy nervioso, bastante nervioso. Voy a cumplir mi más deseada fantasía, la cual ya está preparada y esperándome en la habitación Tantra de los apartamentos Luxtal.

Estoy deseando llegar, estoy deseando disfrutar.

Llego a los apartamentos, me dirijo al ascensor y subo a la segunda planta. Al salir, mi corazón late con excitación. Si es todo como me han dicho que es y si me fío de mi amigo que me recomendó estos servicios, van a ser las mejores horas de mi vida.

Al llegar a la habitación Tantra llamo con los nudillos.

~ Abre la puerta lentamente y da dos pasos al interior con los ojos cerrados ~escucho una voz sexy y juvenil tras la puerta.

La obedezco con el pulso a mil por hora. Pongo la mano en el pomo, cierro los ojos y empujo la puerta con cuidado. Con pies de plomo avanzo dando un pasito, luego otro. Entonces, aguardo y aguardo impaciente a la siguiente indicación mientras me embriago con dulces olores provenientes de la habitación. Mi rostro es golpeado por una calidez y un silencio que me reconforta tanto como pone de los nervios.

~ Cierra la puerta ~escucho.

A tientas estiro mi mano, palpo y la cierro a mis espaldas.

~ ¿Estás listo para cumplir tu fantasía?

Me muerdo el labio al escuchar otro sexy y juguetón tono de voz. Ansioso asiento con la cabeza.

~ Entonces abre los ojos.

Bajo mis pies hay una moqueta verde protegiendo el suelo de un pequeño pasillo. A mi izquierda hay una pared que acaba un metro más adelante, abriendo camino a una gran habitación rectangular. En ese lado y acurrucado a la izquierda hay una gran cama redonda y, en frente de mí, un jacuzzi listo para ser utilizado. La luz es tenue pero no está oscuro del todo, puedo ver sin problemas el borde blanquecino y más alejado del jacuzzi. Sentadas sobre él, descansan Sandra y Bárbara, con los pies dentro del agua y sensualmente mostrando sus cuerpos hacia mí.

Me saludan con la cabeza y alzan su copa de cava, pegan un trago, dejan la copa a sus espaldas y comienzan a acercarse hasta que se besan eróticamente. Yo me quedo paralizado al ver a semejantes bellezas y por culpa de su puesta en acción, mi sexo ya comienza a endurecerse bajo mis pantalones.

Tras besarse, me miran, se ponen de pie y avanzan hasta el centro del jacuzzi. Ambas están juntas, muy juntitas…

Sandra es morena y el pelo le cae liso hasta la espalda. Lleva un modelito de lencería verde turquesa claro, increíblemente sexy. Su estómago es planito y su piel tiene un toque bronceado que junto con su mirada morbosa y el gorrito de piloto que lleva puesto hace que me derrite.

Bárbara es una espectacular rubia con el pelo ondulado y mirada angelical. Lleva puesto una fina camisa transparente y un culote.

Me observan como lo haría un ángel… y un demonio.

De nuevo, comienzan a besarse para mí. Sus manos se marchan a la espalda de la otra y cuando Bárbara se va al lóbulo de la oreja de su compañera, Sandra murmura de placer, mirándome con esos ojazos y mordiéndose el labio.

Con un dedo me indica que me acerque y mientras lo hago, ellas van descendiendo hasta meter todos sus cuerpos bajo el agua. Al llegar al borde del jacuzzi, Sandra me pide que coja una copa de cava de la mesilla. Cuando regreso con ella, veo como todas las prendas de ropas que las veinteañeras tenían están sobre el agua, sus cabellos están mojados y cómo se besan los pechos.

Instantáneamente me llevo los labios a la copa de cava y le doy un sorbo.

~ Quédate con los calzoncillos y siéntate allí ~me dice Sandra mientras extiende una mano para que le dé mi copa.

Con las manos temblorosas intento desnudarme tan rápido como puedo y me voy hasta donde me ha indicado ella. Me siento en el mismo sitio donde ellas me recibieron. Allí no sólo hay un fino borde sino que hay un resquicio suficientemente grande como para sentarse cómodamente.

Meto los pies en el agua y siento su temperatura. Con lujuria, observo a mis dos chicas mientras se acercan por el agua sensualmente hacia mí. Con esas miradas, con esos ojos, con esos labios… Uuffff. Ya estoy muy excitado.

Al llegar a mí, se vuelven a besar. Sus lenguas juguetean en la boca de la otra mientras sus manos acarician mis muslos.

De pronto comienzan a besar lo que acarician y miro al techo por lo magnífico de la situación. Sandra deja el cava a mi lado, lleva sus manos hacia mi bóxer y comienza a acariciar mi miembro. Al sentir su tacto mi sexo se mueve y ambas ríen coquetamente. Lentamente me retiran los calzoncillos y al ver mi gran pene ambas se quedan con los ojos como platos. Ríen con sorpresa.

~ ¡Madre mía! ~exclama Bárbara.

~ ¡Que grande la tienes! ~ dice Sandra.

Sus palabras me ponen aún más cachondo. La cogen y con sus cuatro manos comienzan a acariciármela. Noto sus dedos por mi tronco, por mi glande, por mis testículos…

“Uuffff. ¡Quiero que empiecen ya!”

~ Queremos más cava ~ dice Sandra.

Automáticamente, estiro mi mano, cojo la copa y se la voy a entregar pero ella me dice en tono negativo:

~ Ah, ah.

Pone su mano en mi codo y lo eleva.

~ No queremos beber del vaso.

“Uuffff”.

Coloca mi brazo de tal forma que la copa queda sobre mi sexo mientras Bárbara avanza a besos desde el interior de mi muslo. Sandra coloca sus sexys labios sobre la puntita de mi glande y le susurra:

~ Viértelo ~ me dice lanzando por ahí la sexy gorra de piloto.

Derramo el cava sobre mi gran miembro y por su dirección, la bebida comienza a recorrer mi tronco. Parte se cae hacia los lados y parte se va hacia la punta. Cuando el burbujeante líquido me baña mi sexo, Sandra y Bárbara, lanzan sus lenguas. Comienzan a lamerlo al unísono, cada una por un lado. Luego comparten mi glande, con sus lenguas forcejeando salvajemente sobre él.

Me retuerzo de placer y gimo. Esto es increíblemente placentero. Ellas jadean y disfrutan saboreando el cava de mi pene. De pronto, con un dedo, Sandra empuja la cabeza de mi miembro hacia el estómago, dejando toda la parte de abajo para ellas. Mi glande se apoya contra mi estómago mientras ellas, toman un testículo cada una y me dan placer. Mmmmm.

A continuación, la fantástica jovencita morena, sube lamiendo el tronco y se la introduce toda en la boca. Succiona y succiona haciendo que me lleve las manos a la cabeza de placer.

~ ¡Así, así! ¡Esto es magnífico!

Tras unos minutos intercambiándose posiciones, Sandra sale del jacuzzi, se va a uno de los cajones y saca un preservativo extra-grande. Desnuda, se queda de pie sobre la cama mirándome eróticamente con el preservativo, todavía en el envoltorio, en la boca.

Bárbara, que todavía me la sigue chupando, mira hacia arriba para preguntarme:

~ ¿Quieres follártela?

Yo asiento con ganas y vuelvo a mirar las curvas perfectas de Sandra.

~ Ven ~ me dice ella.

Bárbara se separa de mí, me levanto y voy hacia la cama. Mi sexy morena me coge de la muñeca y me arroja sobre la cama. Se lleva mi miembro a la boca de nuevo y tras saborearlo unos segundos, rasga el envoltorio y con los labios me pone el condón. Sube hacia mí y se lo introduce al tiempo que su mandíbula se desencaja. La universitaria rubia llega hasta nuestro lado mientras se la está metiendo y desde su espalda, mirándome por encima de su hombro, le susurra a ella:

~ Mmmmm. ¿Te cabe su enorme polla?

Sandra sonríe entre el gozo de la penetración y asiente con la cabeza. Comienza a moverse pero en seguida se detiene. Se acomoda, se pone en cuclillas sobre la cama y empieza hacer sentadillas sobre mi miembro. Metiéndose todo entero.

Yo jadeo de placer, esto es demasiado. Sube y baja mientras yo observo su pose, sus pechos, su cabello húmedo, su expresión de placer… Deseo correrme.

Sin esperarlo, Bárbara empieza a besar el cuello de Sandra y ésta empieza a desbocarse. Uuffff. Al tiempo que Sandra me da una magnífica follada, Bárbara lleva una de sus manos bajo mis testículos, al perineo y lo comienza a masajear.

~ ¡Oh Dios! ¡Es perfecto chicas!

Ambas comienzan a acelerar sus movimientos, más y más. Sandra grita de placer.

~ Me voy a… me voy a… ~jadeo para ellas, no puedo aguantar más. No deseo aguantar más, quiero sentir ya esa maravillosa sensación.

~ ¡Sí! ¡Sí! Eso es sí.

Al unísono, Bárbara y Sandra, gimen para mí.

~ ¡Dánoslo todo! ~me piden con sus juveniles voces.

~ ¡Sí! ¡Ya! ¡AAAHHH!

Mi cuerpo siente una increíble explosión interior y mi esencia sale hacia afuera. Lentamente Sandra disminuye sus movimientos y se deja caer sobre mí. Ambas universitarias, se acercan hasta mi cuello y comienzan a besarme ayudándome a relajar.

Tras unos instantes, separan sus rostros y se lanzan entre ellas en un fogoso beso. Yo lo observo exhausto y maravillado, por haber pasado el mejor y el más placentero momento de mi vida y eso que todavía me queda más de media hora con ellas. Lo que me pueden hacer ahora no lo quiero ni imaginar… prefiero disfrutarlo haciéndolo realidad.

 

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